En las aguas de Punta Norte, Península Valdés, se registró un hecho tan conmovedor como excepcional: Jazmín, una orca hembra nacida en 1991 e hija de la matriarca Ishtar, fue observada transportando el cuerpo sin vida de su cría recién nacida.
El hallazgo ocurrió el pasado 30 de abril, cuando un equipo de investigación detectó que Jazmín llevaba consigo a su séptima cría, un cachorro de apenas dos semanas de vida. Se trata de la tercera pérdida neonatal en su historia reproductiva.
Gracias a un vuelo de dron realizado bajo autorización del Ministerio de Turismo y la Secretaría de Medio Ambiente de Chubut, investigadores de la Fundación Punta Norte Orca Research lograron documentar este comportamiento, constituyendo el primer registro en Sudamérica de una orca que acarrea a su cría muerta, una conducta que la ciencia asocia con procesos de duelo en esta especie.
La observación no solo permitió registrar este hecho inédito, sino también confirmar que sus otras crías más jóvenes —Morgan (2022) y Kai (2024)— continúan con vida. En las imágenes captadas, ambas nadaban cerca de su madre junto a Auka (2016), el hijo mayor sobreviviente.
El análisis comparativo de tamaños, realizado a partir de mediciones sobre imágenes aéreas, evidenció la notable diferencia entre Kai y Morgan, permitiendo dimensionar cuán diminuta era la cría más reciente en comparación con sus hermanos.
Jazmín es una matriarca y una de las hembras clave del grupo de orcas que frecuenta Punta Norte. Su familia, integrada también por sus hermanos Llen, Pao y Shekei, presenta dinámicas complejas: pueden permanecer brevemente en la zona y retirarse de forma repentina, incluso en condiciones favorables de caza.
A pesar de estas dinámicas, los lazos sociales se mantienen firmes. Cuando el grupo de su hermana Llen se reúne con el de Jazmín, es esta última quien asume un claro rol de liderazgo, reflejando la importancia de las estructuras matrilineales en esta especie.
Este registro no solo aporta evidencia científica relevante, sino que también abre una reflexión sobre la profundidad de los vínculos en el océano. Conductas como esta nos recuerdan que, en otras especies inteligentes, la pérdida también puede generar respuestas complejas.
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